Falsos positivos a través de email

Las audiencias creen ciegamente en el correo electrónico

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Puesta en escena en la Torre Colpatria, durante el 09 de octubre
Puesta en escena en la Torre Colpatria, durante el 09 de octubre

Un singular correo electrónico circuló en Bogotá durante la semana pasada y escandalizó, por lo menos, a media ciudad. El hecho dejó ver cómo, 71 años después de la transmisión radial de “La Guerra de los Mundos” –emitida por la CBS en Estados Unidos–, a las audiencias todavía les cuesta separar la realidad y la ficción en los medios masivos de comunicación.

El mensaje en cuestión era una supuesta alerta sobre las actividades que se pretendían realizar durante el simulacro del terremoto en Bogotá. De acuerdo con éste, el Distrito planeaba volcar camiones para cerrar las vías de acceso a la ciudad, simulando accidentes; demoler edificios y explotar un avión en el aeropuerto, simulando desastres; encender todas las alarmas, suspender las comunicaciones y los servicios públicos, de manera que los habitantes de la capital enfrentaran con mayor realismo esta puesta en escena.

Obviamente, el mensaje se reprodujo en serie, hasta que de forward en forward, alarmó a toda la ciudad. Lo fijaron en las carteleras de los edificios y los conjuntos cerrados; lo reprodujeron los colegios en comunicados oficiales para los padres de familia; lo reenviaron a cada empleado de las empresas, para que lo tuviera en cuenta ese nueve de octubre; lo citaron en las conversaciones familiares, etcétera. Pero ¿por qué la mayoría de las personas lo asumían como cierto?

Una de las razones es porque venía firmado por una institución oficial. Sin embargo, ésta no era siempre la misma: a veces se reenviaba a nombre del Distrito, de la DPAE (Dirección de Prevención de Accidentes y Emergencias), del Ministerio de la Protección Social y hasta de parte de la Presidencia de la República. Pero aún así, la audiencia le otorgaba autenticidad (un colegio nos mencionó que le dio crédito al mensaje porque se lo reenvió alguien que trabaja en la ARS que esta institución contrata).

Al fin, la DPAE tuvo que salir a desmentir el asunto en los medios, aclarando que no iban a malgastar el erario público de esa manera. (A pesar de eso, algunas personas todavía sostienen que “la Alcaldía sí planeó un simulacro como ese; que no fue aprobado, pero igual se envió el comunicado). Al fin el asunto se superó y el simulacro se desarrolló, como suele decirse en los medios, “con total normalidad”.

No obstante, la realidad es clara: basta con que un mensaje llegue vestido con el formato del último grito de la moda en los medios de comunicación para que las personas le den crédito. Envías un correo, le pones dos o tres logos, lo cuelgas en un blog y ya está: tienes una verdad universal. Ese sigue siendo el poder de los medios. Y tal como lo dijo McLuhan, “no es que sea bueno o malo, sino que depende de la forma en la cual se use ese poder”.

Lo único cierto es que el criterio de las audiencias aún sigue siendo muy pobre en este sentido: basta leer los correos que aún se reenvían: la mayoría de ellos con mitos urbanos (¿O ya debo decir mitos globales, o glocales?) y que las personas creen y replican en cada aspecto de su vida cotidiana. Y aún queda por ver cómo el RSS, el video, el podcast y otros medios se sumen a esta ola de enfrentamientos entre la información y la desinformación.

Qusiera darle crédito a la foto. Como de costumbre en otros de mis blogs, la tomé de Flickr. Le agradezco a El Juglar del Zipa no se moleste por este hecho. Pueden consultar sus trabajos en : http://www.flickr.com/photos/juglardelzipa/tags/simulacro/

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Autor: Gabopineda

Soy Gabopineda. De niño me gustaba imaginar: era común verme caminar con la mirada perdida, hablando solo y agitando las manos como evidencia de que sostenía una acalorada discusión con un interlocutor invisible. Desde entonces quedé atrapado en un nido de quimeras. Las historias que imaginé nunca se cumplieron. Pero mi error no fue fantasear sino nunca haber dejado rastro de ello. Este blog pretende corregirlo y, por supuesto, ayudarme a seguir imaginando.

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