Solo agua y me iré

Pelícano en las playas de Santa MarthaMe detengo, parado, en medio de la arena, no para observarlos, sino por clemencia. Cada siete soles, treinta o trescientos, caminan por la playa, mirando el horizonte, mojando sus pies en el agua, sorbiendo algún líquido a la sombra. Nunca son los mismos, pero sí de la misma especie. Y ellos no entienden. “Miiira tan lindo el pelícano, dicen. “¡Diviiino!” Responde alguien más.

Yo espero inmóvil.

Debería sentir miedo, huir cuando se acercan, pero tengo sed. Veo que sacan objetos, como piedras, pero planos y de distintos colores. Los apuntan hacia mí.

No quiero morir.

“¿Viste? Le tomé una foto y no se voló”, dicen ahora. ¿Volar? ¿A dónde? Cientos de los míos volaron hacia el manantial de la Sierra y perecieron en el viaje. Uno a uno fueron cayendo -¡Plas! ¡Plas!- Como gotas de lluvia sobre la arena. Otros descendieron y caminaron dos, tres, cinco, veinte, cincuenta pasos y estiraron el cuello sobre las ramas crujientes.

No había hojas en el piso.

El mar traerá peces cerca del ocaso. Picotearemos cerca de la orilla. Pero con el tiempo ya no será así. El agua cada vez es mas negra; la arena, también; la marea, baja. Y el aire huele a ese polvillo que flota en el cielo cada dos soles y que sale del puerto, de lo que ellos llaman Puerto.

Entonces sí es mejor volar.

Los miro a los ojos, mientras se detienen hacia mí. Me tienen rodeado.¿Son seis o son diez? Mi visión empeora por el calor. Veo doble. Veo todo difumiarse en un fondo gris. Cierro los ojos para no tambalear y siento la arena ardiendo en mis patas. Puedo volar para sentir el aire y refrescarme. Pero temo por mí.

Temo. Porque aquí no hay viento y tengo sed.

No quiero caer y estirar el cuello como los demás. Quiero vivir. Quiero beber agua y volar hacia la sierra. Allá donde otros como yo, pero de otra especie, dijeron que los árboles todavía eran verdes, que había brisa y era fresca, que el agua brotaba en las alturas y corría por los valles. Allá habrá tiempo de anidar y fundar una nueva bandada.

Solo quiero agua y me iré. Un par de bocados para no morir de sed. Unas bocanadas más para viajar hasta donde perecieron los míos, al pie del monte, donde todavía llega un hilo brillante de agua, antes del basural. Ácida, sucia, caliente, pero suficiente para alcanzar el paisaje, los primeros árboles y llegar a la sierra.

Solo agua y me iré. Un par de bocados para no morir de sed.
Pelícano en las playas de Santa Martha


		
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Autor: Gabopineda

Soy Gabopineda. De niño me gustaba imaginar: era común verme caminar con la mirada perdida, hablando solo y agitando las manos como evidencia de que sostenía una acalorada discusión con un interlocutor invisible. Desde entonces quedé atrapado en un nido de quimeras. Las historias que imaginé nunca se cumplieron. Pero mi error no fue fantasear sino nunca haber dejado rastro de ello. Este blog pretende corregirlo y, por supuesto, ayudarme a seguir imaginando.

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