Etapa 4: el día en que Sagan perdió la cabeza

Tour de France 2017 - 04/07/2017 - Etape 4 - Mondorf-les-Bains / Vittel (207,5 km) - France - Peter SAGAN (BORA - HANSGROHE) © ASO/Alex BROADWAY

6:30 a.m. del primer día hábil de vacaciones para Caro que, como de costumbre, despierta antes de salga el sol. El cronista despega los párpados cada 5, cada 10 y cada 15 minutos. A las siete ya se ha despertado por la fuerza de una pasión que muchos encuentran inexplicable: ver cada segundo de la transmisión del Tour de Francia. Es la etapa cuatro, de 207,5 kilómetros, con la que el pelotón por fin entra de lleno en Francia, pues andaba deambulando por Alemania y los países bajos.

Foto: Tour de France 2017 -04/07/2017-Etape 4- Mondorf-les-Bains
Vittel (207,5 km) - France - Peter SAGAN (BORA - HANSGROHE) 
© ASO/Alex BROADWAY

Es una etapa plana hasta el aburrimiento; una tortura para los ciclistas colombianos, a quienes les cuesta el doble de trabajo pedalear en las planicies porque son más livianos y más menudos que los colosos europeos, y otra tortura para los aficionados que se duermen viendo al belga Guillaume Van Keirsbulck, pedaleando, durante 180 kilómetros y punta de fuga solitaria, manteniendo el ritmo a 45 kilómetros por hora.

Caro duerme una siesta de veinte kilómetros y Van Keirsbulck sigue en fuga. Luego hay que bajar hasta la portería del edificio a recibir la correspondencia; a entregar el salón comunal después de la reunión familiar de ayer; a calentar la segunda taza de café; y Van Keirsbulck sigue en fuga con seis minutos de diferencia.

Van Keirsbulck, hijo de Kurt Van Keirsbulck, otro belga que solía protagonizar fugas en etapas largas y nieto de Benoni Beheyt, que también gustaba de las fugas largas.

De los tres, ninguno ganó etapa en el Tour.

La jornada, la de verdad, empieza faltando 20 kilómetros para el final, cuando el lote de ciclistas alcanza a Van Keirsbulck, quien merece ser mencionado muchas veces gracias al leñazo de kilómetros que se echó en las piernas, hazaña que le bastó para ganar el premio al combativo del día.

Luego vinieron los cinco kilómetros finales que emulaban la lucha para abordar un Transmilenio. Todos querían los puestos de adelante y lanzaban cuerpo, manillar y codos para abrirse un espacio.

Cada ciclista que entra con el grupo a los últimos 3 kilómetros finales ya no pierde tiempo. Así que los últimos cinco kilómetros calientan los nervios, elevan la adrenalina y avivan las furias. El público lo sabe. Los comisarios –que en otros deportes se llaman árbitros– también. Y los organizadores también lo saben, pero echan leña al fuego poniendo curvas cerradas y de noventa grados en los últimos kilómetros de meta. Así se prepara el caldo en el que se cuece el final del mundo: nervios, miedo, furia, peligro y ganas de victoria.

En la primera caída, el líder de fachada, Geraint Thomas, besó el asfalto con Sergio Luis Henao y dos puñados de corredores. Pero su compañero de equipo, Chris Froome, el líder de verdad, pasó ileso, igual que Nairo, igual que Chaves, igual que Contador y el resto de favoritos.

Y faltando 200 metros para la meta se acabó el mundo. A Peter Sagan, uno de los mejores embaladores del planeta, lo dominó el instinto. Su codo derecho se reveló contra su cerebro y fue directo hacia el hombro de Mark Cavendish, leyenda viviente de las victorias de etapa. El británico chocó contra las vallas y se deslizó como mantequilla en una sartén caliente y, de paso, su bicicleta noqueó a Dagenkolb y Ben Swift. Los dos ciclistas dieron una vuelta en el aire y aterrizaron sobre sus omóplatos. Demare, francés, levantó los brazos en la línea porque Greipel no pudo alcanzarlo, porque Kittel perdió el ritmo un kilómetro atrás y porque Sagan levantó el pie del acelerador, cuando su conciencia lo alcanzó en el camino.

Los caídos yacían recostados y con lágrimas en los ojos. Tan brutal fue la caída provocada por Sagan que la transmisión olvidó repetir la anterior. Tan grave fue la infracción que esta crónica se pasó de palabras y el espacio para hablar del recorrido de mañana y de la clasificación general tuvo que enfocarse en sus consecuencias.

Basta en el ciclismo un parpadeo para que todo se vuelva patas arriba y por eso existimos quienes no queremos perdernos cada segundo de etapa.

Probablemente Cavendish, Dagenkolb y Swift se retiren de la carrera con fracturas en los huesos, pues no es naturaleza de un sprinter correr aguantando dolores, como sí lo hacen los escaladores y los ciclistas de media montaña.

Sagan, en cambio, será expulsado del Tour y de paso perderá la oportunidad de vestir de verde por quinta vez consecutiva en París. Cometió un error que lo sacó de carrera y frenó su registro en el libro de los récords.

 

 

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Autor: Gabopineda

Soy Gabopineda. De niño me gustaba imaginar: era común verme caminar con la mirada perdida, hablando solo y agitando las manos como evidencia de que sostenía una acalorada discusión con un interlocutor invisible. Desde entonces quedé atrapado en un nido de quimeras. Las historias que imaginé nunca se cumplieron. Pero mi error no fue fantasear sino nunca haber dejado rastro de ello. Este blog pretende corregirlo y, por supuesto, ayudarme a seguir imaginando.

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