Adiós, abuelita

El último recuerdo que tengo de mi abuela María Deifilia fue el de ser testigo de su olvido. Sucedió en la mesa del comedor de la casa de mi tía Amparo, a la hora del café, cuando hablábamos sobre La Victoria. “Y usted, que veo sabe tanto del pueblo, ¿tiene familia por allá?»-me preguntó.  Continuar leyendo «Adiós, abuelita»

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