Recuerdos de sobrino

A mi tío Carlos Anselmo le gustaba resolver crucigramas. Durante los meses que viví en su casa me había contado que algún día le gustaría editar un diccionario para crucigramistas.

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A mi tío Carlos Anselmo le gustaba resolver crucigramas. Durante los meses que viví en su casa me había contado que algún día le gustaría editar un diccionario para crucigramistas. Me mostró un cuaderno de esos que solían traer 100 hojas amarillentas y las cubiertas de color tostado, en el que había las páginas en conjuntos, marcados, cada uno, con una letra del abecedario. Escritas a mano, y organizadas alfabéticamente, se enlistaban las definiciones más comunes que suelen aparecer en los crucigramas como “Río de Europa Central que nace en la Suiza Oriental”, “antigua lengua provenzal” –o algo por el estilo–, con sus correspondientes respuestas al frente. El proyecto, sin embargo, no prosperó. Suele suceder con las personas entregadas al hogar y la familia, como era mi tío. Continuar leyendo «Recuerdos de sobrino»

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Esas lecciones familiares

Una revisión a quemarropa en el trabajo trajo a mi memoria la lección que me dio uno de mis tíos hace más de diez años. “Nunca dejes pasar una papa mala o muy pequeña”, me insistía durante un día de cosecha, cuando empacábamos en sacos distintos las ‘muras’ y las ‘grandes’, a la par que desechábamos las  ‘picadas’ y las ‘cortadas’. “Cuando uno llega a Ipiales – continuó – el comprador escoge un bulto al azar, lo vacía en el piso y observa. Si ve una mala concluye: ‘esta papa no es de buena calidad’. Y así se jode todo el camionado y adiós cosecha”. Continuar leyendo «Esas lecciones familiares»