La hora del sprint final

Hasta hace tres años, los colombianos aficionados al ciclismo teníamos poco para ver durante las primeras etapas del Tour de Francia. La hora del sprint final de los recorridos planos interesaba solo a los más afiebrados a este deporte. Hasta resultaba difícil explicarles a otros, menos aficionados por qué ciclistas como Cancellara, McEwen, Cavendish o Kittel ganaban etapas, pero nunca la clasificación general. Éramos el país de los escarabajos. Nuestra gloria era la montaña. Pero le temíamos al viento, a las etapas marinas y a la hora del sprint final a 60 kilómetros por hora.

La historia se parte en dos, gracias al talento de Fernando Gaviria. El velocista colombiano parece destinado a batir y firmar récords. Es el único de nuestro país que ha ganado cuatro etapas en una misma versión del Giro. Y hoy es el tercero en lograr dos victorias en un mismo Tour de Francia. Algunos medios ya lo califican como el mejor sprinter del mundo. Sin embargo, tal título solo se merece cuando iguale marcas como las cinco etapas de Petacchi en un mismo Tour de Francia o termine vestido de verde el podio de París.

Pero sus contendores le temen. Se nota cuando no hay interés de otros equipos por darles un tiro de pedal para perseguir a las fugas. El Quick Step debe comandar el pelotón en soledad. Mientras Sagan vista de verde, el Bora, equipo que comanda, evitará pagar el desgaste de la persecución. Y ciclistas como Greipel, Kittel o Cavendish preferirán guardarse en el pelotón y correr a rueda del colombiano para beneficiarse de su desgaste y atacarlo en el kilómetro final. Dejarlo todo para la hora del sprint final.

El ataque de Fernando Gaviria en la hora del sprint final

La energía de Gaviria, sin embargo, no se agota. Cuando lanza un ataque largo, a 300 o 400 metros de la meta, deja una estela de viento sobre los demás ciclistas. Las tomas aéreas muestran que lleva una rueda de diferencia con respecto a los demás embaladores. Y tanto si parte por el centro como si se cuela por las barandas, logra llegar a la línea con el golpe de pedal a su favor. Por un momento, consigue que olvidemos lo mucho que sufren nuestros escaladores cada vez que su equipo acelera y del pelotón caen los ciclistas mal colocados, como si fueran mangos maduros cuyo hilo se rompe con un soplo de viento.

Hoy protagonizó un final apretado, de esos que más disfrutan los aficionados del Tour de Francia. Un final que solo se celebra cuando lo confirman los altavoces o la revisión fotográfica de la línea de meta. De esos que cantan los narradores deportivos, arriesgándose a anunciar un ganador, con un cincuenta por ciento de posibilidades de equivocarse. Partió temprano, parado en pedales, con la cabeza clavada sobre el manillar, las piernas haciendo de pistones, el abdomen comprimido y los riñones haciendo presión. Era una batalla contra el espacio. Los demás sprinters, que vigilaban su rueda, quisieron sorprenderlo desde atrás, pero apenas alcanzaron a leer su dorsal. De nada les sirvió la vigilaba. Nunca pudieron alcanzarlo.

Sin embargo, todavía no se viste de verde. Aunque sume victorias de etapa, para salir campeón de la regularidad deberá soportar más pruebas y apuntarse más logros que la victoria en la hora del sprint final. Y mañana vendrá una prueba de fuego: una etapa de media montaña; una fuga de Peter Sagan, su mayor contendor, para llevarse los puntos intermedios y arribar en solitario para sumarse también los de meta.

¿Qué pasará en la quinta etapa?

No obstante, el ascenso a la capilla de Loreto, una rampa explosiva, que entrega bonificaciones de tiempo a 20 kilómetros de meta, puede sembrar el desorden en el pelotón. Los favoritos querrán ‘limpiar’ la clasificación general. Thomas irá por el amarillo. Avermaet tratará de conservarlo y de quedarse con la etapa. Sagan saldrá en fuga tardía por los puntos que le aseguren el verde, De Gendt apostará por llevarse la etapa, corriendo como si se tratara de una clásica, y el Tour de Francia batirá los dados nuevamente para reacomodar los números en la clasificación general.

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